Ignacio Escañuela Romana
(Leyendo e interpretando la interpretación que hace Kojevé, Cap. V de Introducción a la Lectura de Hegel, Editorial Trotta)
Para entender la ciencia y la filosofía hay que comprender la historia. Pero la historia es la historia del hombre: es quien la hace, quien actúa en ella y quien la comprende. Los intelectuales, la intelligentsia, no habrían actuado y creado la historia, sólo viven y hablan de ella. Crean ideologías.
El filósofo pasa a pensar que es capaz de alcanzar la verdad absoluta. Ajena a la historia. Descartes encuentra que «pienso, soy», soy pensante. Una verdad absoluta y universal.
Pero, ¿quién es ese sujeto abstraído de la historia?. ¿Podemos entender al sujeto como ajeno a la sociedad y la historia?. Napoleón sería incomprensible sin comprender que aplica el ideal de la Revolución Francesa. Y no puede entenderse a la Revolución sin considerar la ideología de la Ilustración. Comprender a Napoleón es verlo en el conjunto del hecho histórico, en el conjunto de la historia universal. Pero, entonces, ¿no es Hegel el Hegel que vive en la época de Napoleón y en ella misma lo entiende y se entiende a sí mismo?.
El saber, pues, absoluto, universal y eterno, es posible, tiene sus condiciones, en la misma evolución histórica de la que intenta abstraerse. En la transformación del mundo y en la historia, es donde se entiende la obra filosófica. entonces, el Saber Absoluto expuesto por Hegel es posible porque Hegel comprende el mundo en el que vive como alguien que vive precisamente en el mundo. Contestar a la pregunta acerca de qué soy yo, es entender la totalidad del proceso histórico. Autocomprensión y comprensión socio-histórica serían lo mismo.