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En el chispazo del tiempo (In the Spark of Time)
Escañuela Romana, Ignacio
17 octubre, 2026
I. Escañuela Romana, En el chispazo del tiempo (In the Spark of Time) – PhilPapers
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Controlar o no hacerlo
Escañuela Romana, Ignacio
12 de octubre de 2026
Quisiéramos disponer la vida, dominarla. Saber cuándo nos va a ir bien, cuándo mal. Hacerla pues objeto de nuestra racionalidad, las reglas que seguimos, los valores que afirmamos.
Sin embargo, al mismo tiempo nos gusta romper toda norma, pues sólo así disfrutamos. Tomar el orden y dejarlo en el caos, vivir como si no pudiésemos averiguar el mañana.
Y, así, tendemos a ser contradictorios y es esa incoherencia lo que hace de la vida algo interesante. Sólo cuando dejamos de querer poner reglas para acto seguido transgredirlas, entramos en el aburrimiento.
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El ideal imposible de la computación universal
Escañuela Romana, Ignacio
11 de octubre de 2026
El ideal de la computación es un trabajo moderno. La realización del sueño de Leibniz de una matemática universal, el décimo reto de Hilbert, la prueba de una máquina de Turing universal en Turing. Es hallar un método, un procedimiento, que borre nuestras dudas y problemas y nos permita hallar un método sencillo para la solución de todo lo planteable. Así, todas las cuestiones encontrarían su final, todas las complejidades de la vida en que habitamos hallarían su solución automática.
Entonces llegó Gödel (1) y demostró su imposibilidad: no podrás hallar tal máquina de computación para los problemas interesantes, equivalentes al menos a la aritmética. Turing (2) lo extendería al campo de la computación: «there can be no general process for determining whether a given formula * ( of the functional calculus K is provable, i.e. that there can be no machine which, supplied with any one 21 of these formulae, will eventually say whether 21 is provable» (p. 259). Es decir, alguna fórmula no podemos probarla.
De repente pues comprendimos que es posible proponer verdades sobre las que nunca sabremos su verdad o falsedad. Ninguna ciencia será completa, alguna duda no será resuelta. De modo que nos resignamos a vivir en un mundo eternamente complejo como seres condenados a no alcanzar todo el mundo platónico de las verdades absolutas y completas.
(1) GÖDEL, K. (1981), Obras completas, Alianza Editorial,Universidad, Madrid.
(2) Turing, A. M. (1936). On computable numbers, with an application to the Entscheidungsproblem. J. of Math, 58(345-363), 5.
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Dos comentarios de un texto de Aristóteles
Escañuela Romana, Ignacio
9 octubre, 2026
Tomemos un texto de Aristóteles y planteemos dos comentarios. Uno, más estándar, para un nivel de bachillerato o inicios universitarios. Otro que intenta comprender más en profundidad las ideas, para un nivel universitario. En ambos casos sin apoyo de materiales adicionales, sino a partir de lo que conozco de Aristóteles, por lo que no se introducen referencias.
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On the Romantic Impulse
Escañuela Romana, I.
(Translated into English with Copilot’s assistance).
8 October 2026
And then, perhaps, I wander in doubt as to what the romantic impulse truly is, what it means to live celerius, altius, fortius, intensius. “A lonely impulse of delight / drove to this tumult …,” exclaimed Yeats in An Irish Airman Foresees His Death.
Nothing drives me except the very fullness of striving itself. It is not the attainment of a goal; it is delight in excellence itself. Just as Achilles pursued glory, and that pursuit found its embodiment in Alexander the Great, so action itself becomes its own object. Nothing more. Everything else would deprive it of its worth.
(A reflection: Romanticism has always reminded me of Aristotle, of activity in excellence.)
(Another reflection: it is the intrinsic nature of the specific action itself. “Specific action is performed with the expectation
that it will never be known by others or produce any effect that might reach them.” (Escañuela Romana, April 2026, p. 2).)Escañuela Romana, I. (April 2026). The Two Forms of Action: Private and Public. PhilArchive. https://philpapers.org/rec/ESCTTF-2
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En el romanticismo
Escañuela Romana, Ignacio
8 de octubre de 2026
Y, entonces, tal vez vago en la duda acerca de qué sea el impulso romántico, en qué consista el vivir celerius, altius, fortius, intensius. «A lonely impulse of delight / drove to this tumult …» («un solitario impulso de deleite / me empujó a este tumulto …»), exclamó Yeats («An Irish Airman Foresees His Death»).
Nada me impulsa salvo la misma plenitud como tal del empuje. Y no es lograr un objetivo, es el mismo deleite en la excelencia. Tal y como Aquiles persiguió la gloria, y se personificó en Alejandro Magno, así es la misma acción su propio objeto. Nada más, todo lo demas la privaría del valor.
(Una reflexión, el romanticismo me ha recordado siempre a Aristóteles: la actividad en la excelencia)
(Otra reflexión: es lo intrínseco de la acción específica -«Tomemos la acción específica como aquella que hacemos cuando esperamos que jamás sea conocida por los otros, ni produzca ningún efecto que les llegue.» (Escañuela Romana, abril 2026. , p. 2)).
[Escañuela Romana, I. (abril 2026). Las dos formas de acción. Privado y público. Philarchive. https://philpapers.org/rec/ESCLDF-2]
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Introducción a la máquina de Turing
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Práctica de comentario de texto: Aristóteles
Ignacio Escañuela Romana
Octubre de 2026
Texto
“Pero es evidente que la felicidad necesita también de los bienes exteriores, como dijimos; pues es imposible o no es fácil hacer el bien cuando no se cuenta con recursos. Muchas cosas, en efecto, se hacen por medio de los amigos o de la riqueza o el poder político, como si se tratase de instrumentos; pero la carencia de algunas cosas, como la nobleza de linaje, buenos hijos y belleza, empañan la dicha; pues uno que fuera de semblante feísimo o mal nacido o solo y sin hijos, no podría ser feliz del todo, y quizá menos aún aquel cuyos hijos o amigos fueran completamente malos, o, siendo buenos, hubiesen muerto. Entonces, como hemos dicho, la felicidad parece necesitar también de tal prosperidad, y por esta razón algunos identifican la felicidad con la buena suerte, mientras que otros < la identifican > con la virtud.”
Aristóteles, Ética a Nicómaco (IVaC/ 2018) (1099a 30 – 1099b 8).
Preguntas tipo:
1ª cuestión: Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido. (Competencias específicas 1 y 3 de la materia).
2ª cuestión: Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente. (Competencias específicas 1 y 3 de la materia).
3ª cuestión: Compare cómo ha abordado el problema planteado en el texto un autor o una autora en otra época (Competencias específicas 4 y 5 de la materia).
Pregunta: Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido. (Competencias específicas 1 y 3 de la materia[IE1] ).
En este texto, Aristóteles discute la cuestión principal de si los bienes exteriores son una condición del logro de la felicidad. Es decir, de si estos recursos que proceden de fuera de nosotros, y sobre los que no tenemos un control completo, son una condición parcial pero imprescindible (conditio sine qua non); o más bien es la misma posesión de estos bienes lo que define la felicidad completamente, como tal (conditio per quam). El texto se propone investigar sobre esa función de lo exterior contraponiendo, como se advierte al final, a las virtudes. De estas no se dice más en el fragmento planteado, pero es necesario aclarar en qué consisten y qué relación tienen con esa felicidad. Asimismo, es imprescindible para lograr un mínimo de comprensión de lo que aquí escribe el Estagirita comprender qué es la felicidad y qué significa ésta en la ética.
En efecto, los bienes exteriores son los externos al alma, a mí, y que en consecuencia no dependen completamente de mí. La volición humana tiende hacia el bien, afirma, pero hay multitud de cuestiones sobre las que no podemos decidir y condensamos su efecto en la expresión contenida en este texto de “buena suerte”. Se pueden proponer diferentes ejemplos empíricos, tal y como realiza el mismo Aristóteles en este texto. Puedo buscar trabajo para después tener dinero y afrontar mis necesidades, mas si bien depende de mi actividad trabajar, no completamente, ya que precisa de cosas externas. Que las personas que me rodean estén sanas, es un bien que no depende completamente de mí. Puedo estudiar, pero la calificación final no depende sólo de mí. Aristóteles pone varios ejemplos en este sentido, como amigos, riqueza, semblante. Nótese, pues, que estos bienes exteriores pueden ser entendidos como recursos o bienes para otra cosa. Es decir, como medios para lograr el fin último.
Antes de seguir avanzando, es necesario saber cómo Aristóteles investiga la cuestión: ¿lo hace a priori, sin necesidad de la experiencia, o a posteriori, a partir de ella? Parte del concepto de “evidencia” que significa en este autor lo que empíricamente es verdadero, lo que obtiene el apoyo de los datos de la experiencia. No va a afirmar sin observar, sino todo lo contrario, cuestiona situaciones de la experiencia para poder llegar a conclusiones generales.
Ahora bien, como la felicidad es el bien al que todos los seres humanos aspiran, defiende el Estagirita, al plantear en qué consista se está afrontando el problema fundamental de la ética. Ese interrogante es: ¿qué se debe hacer? Lo que este autor entonces se cuestiona es un problema central, si son los bienes exteriores, o bien nuestra actividad y consciencia, lo que nos hace felices y, en consecuencia, la esencia del comportamiento ético. ¿Procede de cosas externas que no podemos controlar o de una actividad y un conocimiento en los que decidimos? ¿Debemos centrarnos en lograr esos bienes de fuera, o no debemos olvidar lo que nos constituye interiormente?
De ahí que sea central la contraposición que introduce al final del texto: la virtud. Si los bienes exteriores son parcialmente un imponderable, la virtud es una actividad propia y es el bien del alma. Es fundamental, pues, definir virtud en Aristóteles: la excelencia, cuando llevo mi acción y mi pensamiento hacia el bien. Lo que corresponde con la naturaleza humana.
En todo caso, para comprender las ideas de este fragmento, es necesario volver al presupuesto fundamental de las ideas aquí expresadas, el que la conducta humana es intencionada, en cuanto que es teleológica (se plantea objetivos). El objetivo final es la felicidad o “Eudaimonia”, que ya no puede ser un medio para otra cosa: pues la felicidad es el bien supremo y “vivir bien (…) es lo mismo que ser feliz” (Aristóteles, Ética a Nicómaco (1), Libro I, 4, 1093a, 15-25). Por lo tanto, este filósofo griego está razonando de la siguiente manera, como la actividad humana se plantea finalidades, de manera racional, entonces valoramos a esa actividad en función de estos objetivos, y, de entre ellos, el máximo o último, que es la felicidad (“eudemonismo”). La felicidad está en la actividad virtuosa, que es la excelencia, pero las circunstancias externas son también importantes pues el logro de ciertos bienes exteriores es imprescindible, aunque no suficiente, para una vida feliz.
En consecuencia, podríamos añadir que Aristóteles nos habla de la tensión permanente entre la voluntad humana de la virtud como logro del bien como felicidad y los límites efectivos que se encuentra en la realidad. En relación con este problema, la cuestión moral es la tensión transformadora que se da como resultado de la pugna entre la acción racional orientada a la virtud, generando una deliberación racional, y las restricciones objetivas o externas que a veces se imponen.
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Ese atisbo
Escañuela Romana, Ignacio
5 de septiembre de 2026
«Quien a sí mismo se desprecia continúa apreciándose, sin embargo, a sí mismo en cuanto despreciador» Nietzsche (1) (Sección cuarta Sentencias e interludios, 78, p. 101).
En el diálogo entre el yo y el yo, en ese extraño debate que nos ocupa mientras estamos vivos.
Tal vez observando un anochecer, mientras la amargacea se levanta, un estremecimiento: el del hombre que se enfrenta consigo mismo tras haber pasado todo el día en la circunstancia, con máscaras sucesivas, incluso nte sí mismo. Ahora se observa y conoce lo que no debería ser pero sucede, la no vida en que habita y actúa, en el tiempo fugaz que y no volverá.
Entonces, tal vez, la bifurcación entre seguir y persistir, o en esa fatiga de años retomarse, no obstante. Frente a todo, a todos, a sí mismo, desdeñando su misma preferencia…
Referencia
(1) Nietzsche F. Así habló Zaratustra: un libro para todos y para nadie. Sánchez Pascual A, trad. Madrid: Alianza Editorial; 2003.
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Silencio
Escañuela Romana, Ignacio
En el mundo actual el silencio de la filosofía es atronador.