Ignacio Escañuela Romana

26 de agosto de 2025

Es propio de la actualidad en la que vivimos que los problemas fundamentales se dejan atrás y se discuten usualmente cuestiones secundarias. Así, obviamos las decisiones sobre distribución de renta y riqueza para centrarnos en tal o cual decisión estatal o de una empresa. O en aquella cuestión de presunta o aparente corrupción política.

En ese transcurso por anuncios superficiales y temas secundarios vamos dejando atrás la discusión sobre la crisis ecológica, o sobre el estancamiento de los salarios reales y sus soluciones. Olvidamos, además, las alternativas parar abrir el sistema político y hacerlo más democrático.

A menudo, la superabundacia de acusaciones y reproches llena todo el espacio público y nos aparta de él, saturados. De forma que, en realidad, nada parece cambiar y los problemas aparentan moverse por sí mismos. No controlamos, pues, y nos limitamos a esperar los resultados.