Ignacio Escañuela Romana
4 de septiembre de 2025
De alguna forma hemos perdido la fe en nosotros mismos y en nuestra capacidad de decidir en la historia, como si ya no fuésemos capaces de determinar el futuro y promover la libertad.
Como escribí en (1) (Escañuela Romana, 2024): «Hay épocas con esperanza, aunque sólo sea la que procede de quienes no la tienen como afirmó Herbert Marcuse (1) citando a Walter Benjamin. Y épocas desesperadas, como este ahora en el que nos encontramos.»
Al final, no todo puede ser reducido a contabilidad económica y potencia militar. Claro que el bienestar material y la seguridad son fundamentales, pero en absoluto únicos. No, no estamos en la paz perpetua que Kant (2) propuso, que se basaría en algo tan poco propio de la política real que es la publicidad de todas las decisiones y acciones de los Estados. Pero tampoco nos vamos aproximando. Tal vez justo lo contrario y las guerras, la pobreza y las amenazas de las armas nucleares nos rodean.
En esta época, en consecuencia, nostálgica , mas no peor ni mejor que otras, sería difícil olvidar todas esas formas en que se ha intentado y no se la conseguido. Y, no obstante, olvidar que la historia es humana y la realizamos nosotros, dotarle de naturaleza y forma inmutable, es tal vez la manera como nos negamos efectivamente el progreso hacia la libertad.
(1) Escañuela Romana, I. (4 de mayo de 2024). Un ahora en la desesperanza. Philpapers. https://philpapers.org/rec/ESCUAE
(2) Kant, Immanuel. La paz perpetua}. Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999. https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmchd7r6