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La sociedad de la confusión
Ignacio Escañuela romana
La sociedad de la información se ha trocado en la sociedad de la confusión. Cuanto más se dice, menos veracidad (confianza en la verdad) se tiene, más ruido se alcanza. En esta sociedad, la esfera pública no puede darse con la necesaria transparencia y libertad.
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Breve comentario a un texto de Aristóteles (Ética a Nicómaco).
Ignacio Escañuela Romana. 28/05/2025.
Propuesta totalmente personal de resolución de la pregunta.
Breve comentario a un texto de Aristóteles © 2025 by Ignacio Escañuela Romana is licensed under CC BY-NC-ND 4.0. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
“Es claro, no obstante, que necesita además de los bienes exteriores, como dijimos; pues es imposible o no es fácil hacer el bien cuando se está desprovisto de recursos (…) y por eso algunos identifican la buena suerte con la felicidad; pero otros la virtud..” Aristóteles, Ética a Nicómaco (1), 1099a 30 – 1099b 8).
Pregunta: Identificar el tema o problema del texto, así como la idea principal u otras ideas secundarias relacionándolas de manera argumentativa.
En este texto, Aristóteles discute el problema de si los bienes exteriores son una condición para lograr la felicidad. Al hacerlo, está planteando qué respuesta dar a la pregunta por antonomasia de la ética: ¿qué se debe hacer? Ahora bien, estos bienes exteriores pueden ser entendidos como recursos, pues, tal y como Aristóteles expone, son medios para lograr ese fin último. Este problema presenta, en todo caso, diferentes aspectos, algunos explícitamente expuestos en este texto, otros implícitos pero necesarios para comprender la posición filosófica del filósofo estagirita. Elementos que se van a exponer a continuación.
Por un lado, nos encontramos como presupuesto fundamental de las ideas aquí expresadas el que la conducta humana es intencionada, en cuanto que es teleológica (se plantea objetivos). El objetivo final es la felicidad o “Eudaimonia”, que ya no puede ser un medio para otra cosa: pues la felicidad es el bien supremo y “vivir bien (…) es lo mismo que ser feliz” (Aristóteles, Ética a Nicómaco (1), Libro I, 4, 1093a, 15-25). Por lo tanto, este filósofo griego está razonando de la siguiente manera, como la actividad humana se plantea finalidades, de manera racional, entonces valoramos a esa actividad en función de estos objetivos, y, de entre ellos, el máximo o último, que es la felicidad (“eudemonismo”).
Sin embargo, tal y como analiza en el texto planteado, lo anterior choca con la realidad de bienes exteriores que no dependen completamente de la voluntad. La volición humana tiende hacia el bien, afirma, pero hay multitud de cuestiones sobre las que no podemos decidir. En el texto pone algunos ejemplos: amigos, riqueza, linaje, poder político, belleza corporal. Ante las dificultades, el hombre delibera, se esfuerza, para lograr el fin propuesto, mas no todo depende de él y a esto le llamamos comúnmente “buena suerte”. Así lo recuerda este filósofo griego al final del texto.
En consecuencia, podríamos decir que Aristóteles nos habla de la tensión permanente entre la voluntad humana de lograr el bien como felicidad y los límites efectivos que se encuentra en la realidad. En relación con este problema, la cuestión moral es la tensión transformadora que se da como resultado de la pugna entre la voluntad de lograr, generando una deliberación racional, y las restricciones objetivas que se imponen.
Además, la cuestión analizada, la de la condicionalidad externa de la felicidad, la divide Aristóteles en el texto en dos problemas relacionados. El primero es si estos recursos son una condición parcial e imprescindible. Este filósofo contesta que sí, pues cabe la posibilidad que hagan imposible hacer el bien. El segundo es si es la misma posesión de estos bienes lo que define la felicidad completamente, como tal. Que es lo que afirman quienes consideran a la felicidad como producto de la buena suerte. Así, parece contraponer esa opinión a quienes piensan que la felicidad está en la virtud. El texto se para en esta cuestión, por lo que es preciso, para comprenderlo, ampliar algo más lo aquí expuesto y, de esta forma, enlazar con la pregunta 2.
En consecuencia, anticipo aquí algunos de los resultados que se desarrollan en la pregunta 2, mas son precisos para comprender de modo suficiente las ideas de este texto (pregunta 1). La actividad humana característica (“ergon”), señala el estagirita, es actuar con “logos” (racionalidad), tal y como señala Gómez-Lobo (2), p. 30. Ahora bien, la actividad con logos es aquella que puede producir diferentes resultados (Gómez-Lobo, op. cit.). Como se ve, por ejemplo, en la variedad de conductas que puedo sostener para comer o para arreglar un coche. Pero esas acciones con “logos” pueden ser buenas o malas, puedo utilizar la racionalidad para el bien o el mal (Gómez-Lobo, (2) pp. 31-32). Serán buenas si son virtuosas, si siguen las virtudes morales e intelectuales (Gómez-Lobo (2), p. 35). Como afirma Aristóteles: “Nuestro razonamiento está de acuerdo con los que dicen que la felicidad consiste en la virtud o en una cierta virtud” (1098b, 25-35). En la siguiente pregunta explicaré más extensamente estas cuestiones.
Referencias bibliográficas
(1) Aristóteles (2018). Ética a Nicómaco (ed. bilingüe y traducción M. Araujo y J. Marías). Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Escrita siglo IV a.C.
(2) Gómez-Lobo, A. G. (1999). La fundamentación de la ética aristotélica. Anuario Filosófico, 32(1), 17-37.
Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
Esta respuesta, a la pregunta planteada acerca de las ideas de la filosofía aristotélica presentes en el texto y sus relaciones con el pensamiento en general del filósofo, se estructura en las siguientes ideas. Se parte de los tipos de bienes en Aristóteles y su relación con la felicidad, para pasar a explicar las tres formas de la vida en libertad, la respuesta en la ética aristotélica al problema central acerca de qué se debe hacer, así como finalmente algunas consideraciones generales sobre su filosofía. En este sentido, es preciso recordar que cada uno de estos puntos de la exposición está conectado a las ideas presentes, de un modo u otro, en este texto. Éstas se han expuesto anteriormente y se refieren a la felicidad como bien supremo o fin en sí mismo, los medios para conseguirla y la funcionalidad de los bienes exteriores en la deliberación para obtenerla.
En primer lugar, los bienes exteriores son uno de los tres tipos de bienes que Aristóteles analiza en la Ética a Nicómaco (1). Son todos factores para lograr conjuntamente la felicidad. Sin embargo, los exteriores no dependen completamente de la persona y su racionalidad, tal y como afirma en el texto, y se trata de lograrlos en la medida de lo posible. Además, están los bienes del alma, como el conocimiento y la virtud. Así como los bienes del cuerpo, como la salud. Podemos comprender, pues, como ya se ha dicho, que la felicidad es el producto de todos ellos en este filósofo griego. Ahora bien, si analizamos lo que afirma en la Ética a Nicómaco (1) (Libro I, 8), los centrales son los del alma, pues son “los primarios y más propiamente bienes” (1098b, 10-20). Por lo anterior, añade Aristóteles, está de acuerdo con “los que dicen que la felicidad consiste en la virtud o en una cierta virtud, pues pertenece a ésta la actividad conforme a ella.” (1098b, 25-30). Pero, “el bien humano es una actividad del alma conforme a la virtud” (1098a, 15-20).
Asimismo, Aristóteles distingue tres formas de vida bella o en libertad, que, afirma, son los modos que no están condicionados por la necesidad. Ya que, conforme tenemos que trabajar para satisfacer las necesidades, piensa este filósofo, nos preocupamos por lo útil y perdemos la capacidad de decidir sobre nuestras vidas, dejando de ser libres (Arendt (2) expone a Aristóteles en este sentido, pp. 26-27). En consecuencia, no comprende que en el trabajo se pueda lograr virtud y, en consecuencia, la felicidad. En cuanto a las formas de la vida en libertad, en la belleza, siguiendo aquí la exposición que hace Arendt de sus ideas (2), nos dice Aristóteles que éstas son la vida de los placeres corporales, la vida de la virtud cívica (las hazañas), y la vida de la contemplación o conocimiento del mundo y su eternidad. En la obra Política, Aristóteles (3) retorna al tema de cuál sea superior, si la vida activa política o la vida contemplativa o filosófica (1324a, 5-6), ambas buscadas por quienes ansían la virtud (op. cit.).
Por otra parte, es central en el pensamiento ético de Aristóteles el problema de la prudencia. Fue considerada por Aristóteles, como por otros filósofos de la Grecia clásica, como sinónimo de sabiduría, señala Vásquez Pereira (4). Pero no es comprendida en su pensamiento como un saber científico de todo, sino como la puesta en práctica racional de esa virtud de la prudencia (op. cit.).
Además, si el texto se centra en la felicidad, esto nos recuerda la concepción eudemonista de Aristóteles de la ética (“eudaimonia” significa felicidad). Esta felicidad se adquiere mediante el ejercicio de las funciones, tareas humanas o actividades específicas (Gómez-Lobo (5)). Como se apuntó en la anterior pregunta, la felicidad es el bien supremo o finalidad última que ya no es medio para otra cosa: “Tal parece ser eminentemente la felicidad, pues la elegimos siempre por ella misma” (1097b, 1-5). Es algo perfecto por sí mismo, y suficiente (1097b, 20-25).
Ahora bien, en la Ética a Nicómaco, Aristóteles (1) se pregunta por la cuestión que lógicamente surge a partir de que se proclama a la felicidad como objetivo último de la actividad humana. Ésta es: ¿qué es la felicidad? No si esto o aquello es condición, que también, sino más bien qué incluye todos los bienes de forma que define a la misma felicidad de manera completa. Tal y como señala Valero Cano (6), el hombre que vive bien y obra bien es feliz, actuando mediante la “recta razón” para lograrlo, establecida ya firmemente como hábito (p. 81).
Ahora bien, ¿cuál es el fundamento de la ética aristotélica? Una de las discusiones centrales en torno a esa base se da en relación con la llamada falacia naturalista, o inferencia de valores a partir de los hechos, es decir, llegar al deber ser desde el ser. Una inferencia que no es válida: ¿qué puede aportar al deber lo que se es?, como entre otros, criticó Moore (7). Si Aristóteles estuviese diciendo que el deber se basa en la naturaleza humana, entonces estaría cometiendo esta falacia. Ahora bien, una parte de las interpretaciones del pensamiento aristotélico le sitúan en esa falacia: habría fundado la ética en la metafísica, pasando de lo afirmado en De Anima, al decir que el ser humano está dotado de potencia racional, a la defensa de que el bien humano consiste en la actualización de la capacidad racional (Gómez-Lobo (5), p. 18-19). Ahora bien, la noción de naturaleza humana en el pensador estagirita no es una descripción, sino una valoración, la consideración de un debería ser (como afirma Gómez-Lobo (5), p. 19). La base de la ética no está ni en la metafísica, ni en la antropología o descripción del hombre. Sin embargo, esto lleva al problema de las bases para afirmar esos valores. Carmen Trueba (8) explica el punto en los siguientes términos, Aristóteles está haciendo una ciencia práctica que “versa sobre lo practicable y lo particular, lo contingente” (p. 8), lo que más arriba se ha llamado prudencia. Esto está relacionado claramente con su teoría del conocimiento de un empirismo moderado, con una confianza de base en los sentidos. Como afirma Carmen Trueba (op. cit.): “La perspectiva ética aristotélica es claramente empírica” (p. 8), pero como una praxis ordenada a través de la razón (p. 90).
Referencias
(1) Aristóteles (2018). Ética a Nicómaco (ed. bilingüe y traducción M. Araujo y J. Marías). Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Escrita siglo IV a.C.
(2) Arendt, H. (2005). La condición humana. Buenos Aires: Paidós. Publicación original 2005.
(3) Aristóteles. Política.
(4) Vásquez Pereira, H.M. V. (2019). Sobre la Moderación. En Teorías, Enfoques y Aplicaciones en las Ciencias Sociales, 12(25), 6-7.
(5) Gómez-Lobo, A. G. (1999). La fundamentación de la ética aristotélica. Anuario Filosófico, 32(1), 17-37.
(6) Valero Cano, J.G. (2017). Racionalidad, excelencia humana, phrónesis y belleza en la ética aristotélica. Murmullos Filosóficos, 3(6), 76-88.
(7) Moore, G. E. (1922). Principia Ethica. Cambridge: Cambridge University Press. Publicación original 1903.
(8) Trueba, C. (2003). La naturaleza de los principios de la acción, y el problema de la fundamentación de la ética en Aristóteles, Revista iztapalapa, Año 24, n. 54 (enejo-Junio 2003). -
Inteligencia artificial, en la inmediatez
I. Escañuela Romana -
Reflexiones en el tiempo
Ignacio Escañuela Romana
Ignacio Escañuela Romana, Reflexiones en el tiempo – PhilPapers
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Texto de Hannah Arendt y ejercicio de comentario del texto
Ignacio Escañuela Romana[1]
27 de diciembre de 2024/ 25 de abril de 2025
Tomemos un texto de Hannah Arendt de su libro La condición humana:
Desde “La condición humana abarca más que las condiciones bajo las que se ha dado la vida al hombre. (…)” hasta “poseen el mismo poder condicionante que las cosas naturales.” (Hannah Arendt, La condición humana, trad. Ramón Gil Novales, Paidós, Barcelona, 2022, Capítulo I: “La condición humana”, p. 23) (1).
Propuesta totalmente personal de exposición de las ideas del texto. Además, se extienden las contestaciones para dar más contenido.
Pregunta 1. Identificar y explicar el problema fundamental y las ideas del texto.
Para comenzar a analizar y explicar este fragmento del libro La condición humana de Hannah Arendt (1), publicado por vez primera en 1958, es importante fijar el problema fundamental que plantea. Éste es el carácter condicionado del hombre y lo que éste implica. Además, la tesis principal que defiende estriba en que dentro de esa condicionalidad entran los productos de la propia actividad humana.
Pero, para comprender lo anterior, es preciso aclarar, primero, qué significa “condición”. Y, segundo, las diferencias que hay entre ser condicionado y no serlo. En primer lugar, la condición (humana) es el mundo en que vive: el conjunto de cosas y de personas, y su organización, en que existe y desarrolla su actividad. Determinante en lo que piense, diga y haga. Dentro de esta condición está el conjunto de los objetos de sus necesidades y deseos, lo que quiere lograr. En segundo lugar, un ser o ente incondicionado será el que no precise de nada externo para su existencia, teniendo en sí mismo todo lo necesario para seguir existiendo, y el que no sea afectado en absoluto por el mundo que le rodea. Si no necesita de nada, y si las circunstancias no le provocan ningún cambio, de ningún tipo (su ser no se altera por todo lo que le rodea de un modo u otro), entonces no tendrá ninguna actividad condicionada por el exterior, por el mundo. Dicho de otro modo, siendo el hombre un ser totalmente condicionado, nos dice el texto, ya que todo lo que le rodea pasa a tener ese carácter, poseerá una frenética actividad pasa asegurar que tiene todo aquello que considera en cada momento necesario en el conjunto de seres y su organización, a los que el hombre considera el mundo.
En consecuencia, la tesis del texto, que es que el hombre es un ser condicionado, de ahí el título del libro al que pertenece este texto, implica que el ser humano, por una parte, precisa de otras cosas que no son sí mismo para continuar existiendo, viviendo. Y, por otra parte, que la vida humana se orienta o plantea en el conjunto de cosas y personas que le rodean: en el mundo. Por lo tanto, se puede decir, que es contingente: al no ser incondicionado, no es necesario, y deja de vivir cuando los seres o los hechos de los que depende le faltan. Además, no puede decidir completamente el mundo en el que habita y actúa.
Lo anterior implica que gran parte de lo que el ser humano hace se explica por el esfuerzo para satisfacer su dependencia. Es decir, para lograr estos objetivos, satisfacer sus condiciones, va a transformar el mundo que se encuentra. De ahí la importancia de plantear esa condición humana: de entender cómo dispone su vida a partir del hecho de depender de otras cosas que puede, o no, conseguir, en un mundo en el que se encuentra y que le condiciona.
Además, este texto afronta el problema implícito acerca de qué le condicione, avanzando la diferencia entre todo aquello que es natural, frente a todo lo que es cultural, es decir es su propio producto. Arendt está afirmando que tanto los bienes naturales, como los productos artificiales de la transformación por las personas, ambos son condiciones de la vida humana. En este sentido, podría entenderse que es una característica esencial humana hacer de todo lo que fabrica o hace una nueva condición de su existencia. Podemos entender la expresión “vita activa” (en delante se escribe sin las comillas) como el conjunto de actividades para lograr todo aquello que se plantea como su objeto. En otros lugares del libro (1) va a distinguir en ellas entre acción, trabajo y labor (actividad básicamente política, transformación técnica, acciones biológicas, respectivamente).
En todo caso, un poco más adelante en este libro, esta pensadora va a distinguir entre las condiciones y la naturaleza humanas (1). Cabría decir que una cuestión es lo que soy y otra lo que se me enfrenta (en lo que vivo y de lo que dependo). Si bien, esto puede ser cuestionado por otros pensadores: dependiendo de si extienden más o menos el contenido de su naturaleza y la variabilidad cultural de su actividad.
Finalmente, una última reflexión. Si en el proceso de transformación del mundo realizado por los hombres se crean mediaciones (productos) que pasan a condicionarnos, ¿cómo es posible alcanzar la libertad? ¿Puede el ser humano ser libre si es condicionado? La libertad es una actividad no condicionada, sin factores que la determinen. Desde otro punto de vista, si toda producción termina por imponer sus propios términos, sus propias reglas, ¿cómo puede liberarse la persona de su continuado condicionamiento? Además, ¿puede prever cómo operará todo ese mundo artificial del que es creador? Preguntas que este texto sugiere, por extensión. Sin añadir más detalles, Arendt dirá que la libertad sí se da en la acción humana (1) (2).
Referencias pregunta 1
(1) Arendt, H. (2022). La condición humana (trad. R. Gil Novales). Barcelona: Paidós.
(2) Arendt, H. (2017). “¿Qué es la libertad?”. En Hannah Arendt, Entre el pasado y el futuro (trad. A. Poljak). Austral. Por ejemplo, páginas 263, 266: todo acto humano es un inicio.
Pregunta 2: Relacionar las ideas del texto con la filosofía de la autora.
La respuesta a esta pregunta se puede plantear de múltiples formas, en función de los conceptos y desarrollos teóricos sobre los que se dé énfasis en Hannah Arendt. Se escoge aquí partir de la relación, que mantienen en su pensamiento, las ideas de condición humana (contenida en el texto planteado) y modernidad. Es decir, ¿qué rasgos de la condición humana caracterizan a la época moderna (modernidad)? Este es, en efecto, un tema clave en su obra, uno de sus ejes vertebrales, y, además, lleva a los problemas de qué sea el totalitarismo, cuáles sean los factores que conducen a esa forma política, así como el objeto de las revoluciones modernas y sus resultados. Esta relación entre el texto planteado y las ideas filosóficas de esta pensadora permite, además, el recorrido por algunos de sus principales libros.
Es preciso partir de que la vita activa es objeto de estudio por extenso en este libro (1) que nos ocupa, y está presente en este fragmento en tanto nos habla de la condición auto producida del ser humano. Además, ésta se compone de labor, trabajo y acción. La labor o conjunto de actividades que conducen a la respuesta a las condiciones biológicas de la vida humana: todas las funciones e impulsos existentes entre el nacimiento y la muerte en la vida humana, que, como resalta esta pensadora, es efímera (La condición humana (1)) («el efímero carácter del tiempo humano», p. 22). El trabajo o la actividad de transformación del medio material en respuesta a impulsos no biológicos, lo que constituye al que llama «homo faber» (1) (p. 157). La acción o actividad política en general del ser humano, que tiene como condición la pluralidad: el hecho de que existen muchas personas y de que cada una de ellas es diferente a todas las demás (1) (p. 22).
Ahora bien, la condición humana en la modernidad se inicia con tres acontecimientos cruciales, tal y como señala en este libro (1). La época de los descubrimientos y la ampliación de la humanidad a toda la Tierra, la reforma religiosa, el surgimiento de la ciencia moderna (en lo que denomina “el punto de Arquímedes”) (1) (Cap. VI). De las tres transformaciones, producidas por el hombre y condiciones, pues, en el sentido del texto planteado, la tercera fue la que trajo más consecuencias profundas.
Lo crucial de la ciencia moderna es el instrumento, a partir del primero utilizado por Galileo: el telescopio. El instrumento puso en duda las percepciones sensoriales, la razón, el sentido común. El mundo lo conocemos entonces sólo en la forma y medida en que afecta a los instrumentos de medida (1) (p. 289), que cuantifican y ordenan. Por fin el hombre fue capaz de encarar el mundo desde fuera, de una forma universal, como si no estuviese atado a la Tierra, como el principio de Arquímedes con su punto de apoyo (Cap. VI). Galileo, pues, como discípulo de Arquímedes (p. 288), que inicia una revolución del pensamiento con consecuencias globales e inesperadas, en el sentido del texto aquí planteado.
Arendt (1) (Cap. VI) considera que, con el surgimiento de la ciencia moderna, se da el triunfo del subjetivismo en la filosofía moderna. Es decir, centrar la perspectiva filosófica en el yo y hacer de la introspección el método. En lo que configura una parte de la realización humana que pasa a ser condiciones autoimpuestas. En cambio, las filosofías antigua y medieval habían partido de los hechos y la confianza en los sentidos y en la razón. La duda cartesiana, que conduce a plantear todo lo conocido como datos de la consciencia, del yo, crea, pues, una nueva perspectiva (Cap. VI).
Así, la época moderna conduce a la alienación del mundo (y no a la alienación del yo defendida por Carlos Marx) (1) (p. 282). Del mismo modo que Max Weber, en La ética protestante y el espíritu del capitalismo (2), descubrió que los orígenes del capitalismo se dan con una ascesis interior en la conducta económica humana: una mundana actividad sin preocupación por el mundo (pp. 282-3). La primera realidad en esa alienación es la expropiación para ciertos grupos de su lugar en el mundo y sus propiedades. Llevando a una exponencial acumulación del capital, con el crecimiento de la productividad (p. 283). En definitiva, el infortunio y miseria material de trabajadores expropiados de la familia y las propiedades, en la primera fase del capitalismo (p. 284). Condiciones, por lo tanto, auto producidas en el sentido del texto analizado.
Por lo anterior, los hombres privados del grupo, familia y propiedades se refugiaron en el Estado nación, como su lugar de identidad colectiva. Pero éste entraría en crisis en el siglo XX, lo que ha llevado a la falta de un mundo común público (1) (p. 285). En el proceso acelerado de alienación del mundo, los hombres no pueden convertirse en ciudadanos del mundo como lo son de sus países, es el “eclipse de un mundo común público” (p. 285), con la formación de un “solitario hombre de masas” (pp. 285-6). Donde surgirán los modernos movimientos de masas.
Lo anterior conecta con la condición humana de la modernidad, en la cual se dan los factores explicativos del totalitarismo. En su obra Los orígenes del totalitarismo (3), esta pensadora desarrolló un extenso estudio sobre qué condujo a ese sistema político, en qué consistió y si se trata de una forma política circunstancial a un momento histórico, o más bien una cierta tendencia o posibilidad de la época moderna y que, por lo tanto, puede volver a darse.
En este sentido, el totalitarismo, afirma, es una nueva forma de sistema político, diferente a la tiranía o dictadura (3) (p. 617). La tiranía es la sustitución del poder o voluntad colectiva por la violencia (1) (p. 226). Pero en el totalitarismo se añaden elementos como los siguientes. Las clases sociales y los partidos políticos desaparecen para disolverse en movimientos de masas, el ejército cede el poder a la policía, la política exterior tiene como objetivo la dominación mundial. Además, el sistema se reivindica como ejecución de las supuestas leyes de la naturaleza o de la historia (3) (p. 619), como una especie de realización de una justicia definitiva y universal. Recordar el texto que nos ocupa: todo lo que el ser humano produce en un momento histórico se convierte en condición de su vida. Lo que está analizando, pues, en la época moderna.
¿Qué relación establece el totalitarismo con la legalidad? El totalitarismo crea un terror total por el que piensa que está realizando la ley de la naturaleza o la ley de la historia (3) (p. 622). Esto es, defiende las leyes de movimiento (1) (p, 621): las leyes de la naturaleza raciales (la lucha de razas, idea nazi), incluyendo la desaparición de quienes son considerados no aptos para vivir (3) (p. 621); las leyes de la historia de las clases sociales (lucha de clases, idea estalinista), con la desaparición de las personas de ciertas clases. Llegando pues, en ambos casos, al genocidio.
Por todo ello, el totalitarismo rompe con el consensus iuris que según Cicerón constituye a un pueblo y funda el Derecho internacional (3) (p. 620). Culpa e inocencia pierden su sentido: culpable es quien va contra las leyes de movimiento, el terror es legalidad si la ley es la ley del movimiento (p. 623). Es más, las leyes del movimiento conducen a la pretensión de la dominación mundial, de toda la humanidad (p. 622). Que las producciones humanas se convierten en condiciones de su vida, como expone el texto, se muestra claramente en esta forma de sistema político que procede de elementos en principio muy alejados, como los ya expuestos.
Así, la esencia del gobierno no tiránico es la legalidad, de la tiranía es la ilegalidad, de la dominación totalitaria el terror (3) (pp. 622, 623, 625). La tiranía usa el terror, pero éste es la misma esencia del totalitarismo. En él, los hombres pasan a ser víctimas y verdugos (p. 627): meros elementos del movimiento de la ley. Ahora bien, el movimiento precisa de criminales o enemigos: quienes se colocan contra las leyes de la naturaleza y la historia (p.625).
¿Qué libertad resta dentro del totalitarismo? ¿Qué lugar le queda en la autoproducida condición de la experiencia del totalitarismo? Por una parte, el terror total presiona a los unos contra los otros, dice Arendt, sin dejarles espacio (3) (pp. 624, 634), imposibilitando toda libertad. Por otra parte, la fuerza de la lógica les priva de la capacidad de pensamiento y elección (pp. 633, 634). La ideología se convirtió en la fuerza irresistible de la lógica (p. 632), en el acuerdo con la idea. Se deja atrás el contenido de la misma ideología utilizada previamente para atraer a las masas (la explotación de los trabajadores, el nacionalismo) (p. 632). En definitiva, por la naturaleza de las políticas ideológicas, crean una lógica que devora el mismo contenido de las ideas originales (p. 632).
En consecuencia, el terror arruina la relación entre los hombres (aislamiento), y la auto coacción lógica del pensamiento la relación de los hombres con la realidad (¿qué es verdad?, ¿qué es real?) (3) (p. 634). Lo que hace más fácil la dominación totalitaria es la soledad de los hombres (p. 639), que es ahora una experiencia común en las sociedades de masas.
El totalitarismo pues responde a los elementos de la época moderna, al presente. Es una forma nueva de poder y está enraizada en condiciones del mundo moderno. Es pues “un peligro siempre presente” (3) (p. 640). Los fundamentos filosóficos se dan en la creación de las condiciones por el hombre.
No obstante, no es posible quitar la libertad al completo, pues resta el amor a la libertad en el hombre (3) (p. 634), así como cada nacimiento con el que un nuevo hombre llega y es un nuevo inicio (p. 625). El totalitarismo quisiera aniquilar de raíz la pluralidad, la condición de la acción, pero no puede (p. 625).
Hay, además, un problema fundamental político en la época moderna, tal y como la concibe Arendt. Esta filósofa estudió las revoluciones modernas, la americana y la francesa, en Sobre la revolución (4), partiendo de la idea de que “el fin último de la Revolución era la libertad y la constitución de un espacio público donde pudiera manifestarse la libertad” (p. 351). Defiende, por lo tanto, que la libertad requiere que los ciudadanos sean partícipes de las decisiones públicas y no solo objeto de ellas, y, como añadió, sin libertad no puede haber felicidad pública (4).
Además, Arendt (4) consideró que en los sistemas democráticos actuales no se ha logrado la libertad pública y se ha establecido una versión más limitada: las libertades civiles, el voto a candidatos electos por sus partidos. Se garantizan los derechos individuales, pero los ciudadanos no pueden participar de forma completa y efectiva en la formación de las decisiones públicas, y éstas son tomadas por los partidos y las élites conectadas de un modo u otro en ese sistema de poder. “El gobierno representativo se ha convertido en la práctica en gobierno oligárquico, (…); lo que ahora llamamos democracia es una forma de gobierno donde los pocos gobiernan en interés de la mayoría (…). El gobierno es democrático porque sus objetivos principales son el bienestar popular y la felicidad privada; pero puede llamársele oligárquico en el sentido de que la felicidad pública y la libertad pública se han convertido de nuevo en el privilegio de unos pocos.” (pp. 372-373).
En definitiva, partiendo del texto y de su énfasis en la autoconstrucción humana de las condiciones, y de la idea central de la libertad en esta pensadora, el análisis que realiza del mundo moderno, de sus avances y sus riesgos es uno de los momentos centrales de la historia del pensamiento y suscita sucesivos debates sobre temas de absoluta actualidad.
Referencias pregunta 2
(1) Hannah A. (2022). La condición humana (trad. R. Gil Novales). Barcelona: Paidós.
(2) Weber, M. (1985). La ética protestante y el espíritu del capitalismo (trad. L. Legaz Lacambra). Madrid: Sarpe. Es interesante recordar que Max Weber estudia la conexión histórica entre motivos religiosos (la necesidad de la salvación religiosa en el calvinismo y otras interpretaciones religiosas) y el origen del capitalismo. En este sentido, el espíritu del capitalismo es la obligación (no un simple interés) del individuo de aumentar su capital, en lo que configura una ética (p. 56). Publicación original en 1904.
(3) Arendt, H. (2022). Los orígenes del totalitarismo (trad. G. Solana)). Madrid: Alianza Editorial. Trabajo original publicado 1951.
(4) Arendt, H. (2006). Sobre la revolución (trad. P. Bravo). Madrid: Alianza Editorial.
Pregunta 3. Exponga en otra época el problema filosófico planteado en el texto y compare con el pensamiento de un autor o una autora de esa otra época.
El problema de la relación entre la contemplación y la actividad humanas, el papel de la teoría frente a la práctica, y todas las maneras como la actividad humana se da, tal y como expone en este texto acerca de las condiciones autoproducidas por los seres humanos, son cuestiones centrales en la historia de la filosofía. Por lo tanto, cómo se plantean las diferentes formas de lo que Arendt (1) ha llamado vita activa, la relación entre ellas y el valor que se les asigne. Tal y como destaca esta misma pensadora, en este libro que nos ocupa, La condición humana (1), la tradición clásica dio énfasis a la superioridad de la vita contemplativa sobre la activa. Para Platón y Aristóteles, era la actividad humana más excelsa.
No es que la acción como tal, la vida de la persona en su comunidad política, la interacción como ciudadanos libres, no tuviese importancia, pero el conocimiento y disfrute del orden eterno del cosmos, daban a la vida humana su fuerza más intrínseca, lo que más le aleja de los animales. En Platón, incluso, toda la vida política se organiza para permitir a los filósofos dedicarse a esa forma teorética de existencia (1) (p. 27). Así continuaría siendo en la Edad Media, la contemplación del orden divino, a lo que se añadiría la fuerza de la fe como principio de vida, y se le restaría la importancia de la acción, considerada entonces también como actividad dominada por la necesidad (Cap. I).
Asimismo, tal y como recoge nuevamente Arendt, Marx y Nietzsche van a invertir los términos en el siglo XIX (1) (p. 29). Es preciso mencionarlos rápidamente aquí, ya que Arendt los incluye explícitamente en el Cap. I y forman parte de su pensamiento en el libro que nos ocupa, y como contraste con el pensamiento griego y medieval. Ambos situaron determinadas formas de vida activa como superior a la contemplativa. En general, el pensamiento moderno realiza esa inversión (p. 317). La edad moderna, afirma Arendt, ha colocado a la labor en la posición que tenía antes el conocimiento teórico y el lenguaje, así como ha glorificado al trabajo como fuente de los valores (1) (p. 101). En este sentido, conocida es la tesis defendida por Marx (2): «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” (Tesis sobre Feuerbach y otros escritos filosóficos, Tesis 11, p. 17).
Frente a ambas posiciones históricas, Arendt (1) considera que está proponiendo una nueva perspectiva al problema. La distinción entre las tres formas de vita activa y la vita contemplativa es una diversidad, digamos esencial, que no puede ser reducida a un único principio u orden. No existe, pues, una jerarquía o una superioridad de una de ellas.
Asimismo, es relevante comparar con mayor profundidad los pensamientos de Hannah Arendt y Aristóteles. Tanto más cuanto que es la misma filósofa la que introduce consideraciones del filósofo griego en sus escritos. De hecho, a menudo en el mismo libro La condición humana. Así, si Arendt considera en el texto implícitamente la distinción entre vita activa y vita contemplativa, y lo desarrolla por extenso en el libro (1), Aristóteles Ética a Nicómaco (3) (1095b, 14 a 30, y ss.), tal y como analiza Arendt (1) (p. 26), distinguió tres formas de vida con libertad. De ellas excluía al trabajo, al que consideraba como una actividad donde la persona perdía la capacidad de actuar libremente, moviéndose por necesidad y utilidad (Arendt, ¿Qué es la autoridad? (4), pp. 128-9): la política, específicamente, empieza allí donde los hombres se liberan de las cadenas de la necesidad para entrar en una interacción libre. Las tres formas de la vida en libertad son los placeres corporales, la vida política (en general: la interacción en una comunidad cívica, política), la vida contemplativa de la verdad. Consideraba, como Platón, a la tercera como la más alta, la de más valor. Luego, como en todo el pensamiento griego, y más tarde el medieval, ni la labor ni el trabajo se consideraban dignos para una forma auténticamente humana de vivir, pues se rigen por la necesidad (1) (p. 26).
Hay, en todo caso, un profundo acuerdo entre Hannah Arendt y Aristóteles en torno a las actividades políticas necesarias para construir las comunidades políticas: la acción o praxis y el discurso o lexis, de los que surge la esfera de los asuntos humanos. Lo necesario o útil no forma parte de dichas actividades (1) (p. 39). Hay que entender el discurso del ciudadano en la comunidad política, no como encontrar los mejores pensamientos, sino las palabras más oportunas a cada momento (pp. 39-40), en lo que es una forma de acción. Además, el problema de la necesidad y la libertad, y sus diferentes concepciones en la época antigua y moderna, tiene una serie de consecuencias en la forma como se concibe la vida humana y la sociedad. Arendt define la libertad no en un contexto de subjetividad y voluntad (critica situar la libertad en el campo de la volición, Arendt ¿Qué es la libertad? (5), p. 157), sino, como Aristóteles y otros pensadores griegos en la articulación de la comunidad política. Por ejemplo, Arendt interpreta la posición de Aristóteles en torno a la esclavitud desde el concepto de necesidad. Aristóteles defendía el uso de la palabra hombre para designar a quienes no estuvieran sujetos a la necesidad, no tuvieran que llevar a cabo labor. Los miembros de la especie humana serían aquéllos que, de facto, no estuvieran totalmente sujetos a la necesidad (1) (p. 100).
Es preciso completar esta comparación haciendo referencia al comienzo del pensamiento filosófico o contemplación de la verdad para Aristóteles: partiendo de presupuestos claramente cercanos a Platón, escribe al inicio del Libro Primero (A) de la Metafísica (6): “Todos los hombres por naturaleza desean saber.” Como señala Arendt (1) (pp. 327, 357), para Platón y Aristóteles el comienzo del pensamiento es el asombro ante el ser: “los hombres —ahora y desde el principio— comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza” (6) (982b, 10-15). Contemplación entendida de modo muy cercano a la fabricación: la actividad teórica de trazar teorías (1) (pp. 327-8). El contraste con la época moderna, razona Arendt (1), es fuerte, pues en ella se da lo que denomina “alienación del mundo”: la clave está en que el poder incrementado del hombre sobre el mundo, la transformación de éste a partir de la ciencia moderna de Galileo (lo que llama el punto de Arquímedes o consideración universal del ser, como desde fuera de la Tierra), se origina en el alejamiento del hombre del mundo (1) (p. 350). Una condición moderna muy diferente a la aristotélica de confianza en los sentidos, en la razón, y en el conocimiento espontáneo del ser (que se revela).
En definitiva, existe un diálogo histórico entre los diferentes pensadores en torno a las formas de actividad humana y sus condiciones. En ese debate inter temporal, destacan la inversión que realiza la época moderna en relación con la importancia de la vita activa y la vita contemplativa, la posición diferente de Arendt sobre la diversidad de estas formas de vida, y el diálogo en la obra de esta pensadora entre ella misma y las teorías de Aristóteles.
Referencias pregunta 3
(1) Hannah A. (2022). La condición humana (trad. R. Gil Novales), Paidós, Barcelona, 2022.
(2) Marx, K. (2010). Tesis sobre Feuerbach y otros escritos filosóficos. Fundación Editorial El perro y la rana.
(3) Aristóteles (2002). Ética a Nicómaco (trad. M. Araujo y J. Marias). Madrid: Centro de Estudios Constitucionales. Aristóteles vivió 384-322 a.C.
(4) Arendt, H. (2017). ¿Qué es la autoridad?. En H. Arendt, Entre el pasado y el futuro, trad. A. Poljak, Austral, 2017.
(5) Arendt, H. (2017). ¿Qué es la libertad?. En H. Arendt, Entre el pasado y el futuro, trad. A. Poljak, Austral, 2017.
(6) Aristóteles (1994). Metafísica (trad. T. Calvo Martínez). Madrid: Gredos. Aristóteles vivió 384-322 a.C.
[1] ignacioesro@gmail.com, https://orcid.org/0000-0002-5376-0543
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Soñamos…
Ignacio Escañuela Romana
21 de abril de 2025
Soñamos con la paz perpetua kantiana, con el respeto universal al ius cogens, el fin de las guerras, de la pobreza y la necesidad, la solución a las catástrofes ecológicas, la desparición de las armas nucleares….
Soñamos con todo ello y más, especialmente en la década de los 90 del siglo XX, cuando todo parecía posible.
Y, de repente, nos encontramos de nuevo, aquí y ahora, con guerras, la persistencia del hambre, el incumplimiento constante del ius cogens, la crisis ecológica persistente, la amenaza nuclear,…
Como filósofos estamos obligados a comprender y decir por qué.
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Comentario de un texto de Kant
Ignacio Escañuela Romana
Se comenta un texto de Kant de la Fundamentación para una metafísica de las costumbres (Cap. I, [ [ A 17 ]). Formato de las pruebas de acceso a la universidad en Andalucía (tres preguntas).
Es una propuesta de comentario totalmente personal.
Enlace al comentario:
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Inteligencia artificial, en la inmediatez
Escañuela, Romana, Ignacio
Una reflexión sobre el impacto de la inteligencia artificial en los seres humanos. Centrada en la diferencia entre lo físico y lo digital, entre la vida y la mediación tecnológica. Los avances técnicos y organizativos, por una parte, nos alejan de la dependencia de necesidades vitales no satisfechas, alargando la esperanza de vida y mejorando el bienestar. Aunque es preciso recordar la desigualdad, que produce situaciones de pobreza para una parte de la humanidad. Pero, por otra parte, nos apartan de las experiencias en el tiempo, la inmediatez.
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Locke. Preguntas del acceso a la universidad en Andalucía
Un ejemplo de examen resuelto.
Locke. Preguntas del acceso a la universidad en Andalucía.
Propuesta de resolución de examen de acceso completamente personal.
Ignacio Escañuela Romana
This work is licensed under CC BY-NC-ND 4.0. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
«Y para que todos los hombres se abstengan de invadir los derechos de los otros y de dañarse mutuamente, y sea observada esa ley de naturaleza que mira por la paz y la preservación de toda la humanidad, (…) Pues la ley de naturaleza, igual que todas las demás leyes que afectan a los hombres en este mundo, sería vana si no hubiese nadie que, en el estado natural, tuviese el poder de ejecutar dicha ley protegiendo al inocente y poniendo coto al ofensor.»
Segundo Tratado del Gobierno Civil (Traducción de Carlos Mellizo, Tecnos, 2006). Locke. Número 7.
Documento en Philpapers:
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Locke. Preguntas 1 y 2 del acceso a la universidad en Andalucía
Un ejemplo de examen resuelto.
Locke. Preguntas 1 y 2 del acceso a la universidad en Andalucía.
Propuesta de resolución de examen de acceso completamente personal.
Ignacio Escañuela Romana
24/01/2025
This work is licensed under CC BY-NC-ND 4.0. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
«Y para que todos los hombres se abstengan de invadir los derechos de los otros y de dañarse mutuamente, y sea observada esa ley de naturaleza que mira por la paz y la preservación de toda la humanidad, (…) sería vana si no hubiese nadie que, en el estado natural, tuviese el poder de ejecutar dicha ley protegiendo al inocente y poniendo coto al ofensor.»
Segundo Tratado del Gobierno Civil (Traducción de Carlos Mellizo, Tecnos, 2006). Locke. Número 7.
1ª cuestión: Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
El problema fundamental planteado por Locke en este texto es la aplicación de la ley natural: ¿qué eficacia tiene ésta si no existe en el estado de Naturaleza un poder político que la garantice? La respuesta que propone es la siguiente. Todos los seres humanos tienen en ese estado el derecho a castigar proporcionalmente a todo aquel que incumpla la ley natural.
En consecuencia, este pensador parte necesariamente de los conceptos correlativos de estado y Derecho naturales. Éstos precisan aclaración para comprender el texto. Los hombres están en ese estado de Naturaleza cuando no se encuentran en una sociedad política, de modo que no hay ningún Estado o autoridad por encima de ellos que haga cumplir una serie de leyes (leyes positivas, propias de un cuerpo político). Las características esenciales de esa situación son la libertad y la igualdad completas. No obstante lo cual, están obligados por la ley natural, o conjunto de derechos y obligaciones, que procede de la razón natural compartida por todos los seres humanos y que tiene validez erga omnes. No son dispositivas, nos dice este filósofo, el hombre no puede renunciar a ellas. Sobre este iusnaturalismo me extenderé en la siguiente pregunta.
Ahora bien, si ese conjunto de normas sigue la naturaleza universal de lo que denomina «género humano», es decir de todos los hombres, pero, no obstante, no hay una autoridad estatal que garantice su cumplimiento, ¿no es algo que algunos o muchos van a incumplir con impunidad de forma que, en realidad, su efectividad sea nula? De ahí que en el texto planteado este filósofo responde que todos los hombres, por el hecho de serlo, tienen los derechos de legítima defensa y de sancionar a cualquier persona que incumpla la ley natural. Al ir contra la estructura de derechos y obligaciones, fundamental para los seres humanos en tanto racionales, la persona infractora se coloca, defiende, contra todos los hombres, contra la humanidad. Esto implica castigar, reparar el daño causado y prevenir mediante el ejemplo que alguien transgreda el orden natural.
Finalmente, es relevante aclarar dos conceptos que, sin que se encuentren expresados de forma explícita en el texto, están necesariamente presentes como su base conceptual y son fundamentales para comprender la teoría política propuesta por Locke. Por una parte, la teoría del contrato o pacto social por la que los hombres, libres en el estado natural que analiza en este texto, crean y entran en una sociedad política, un Estado, que garantice sus vidas y propiedades. Por otra parte, el concepto de estado de guerra que se da cuando algunas personas incumplen la ley natural y atacan la vida, integridad o propiedades de otros seres humanos, colocándose con respecto a todo el género humano en ese estado. En realidad, el problema de la ejecución del Derecho natural es para Locke un problema relacionado con las consecuencias de ese estado de guerra. En la siguiente pregunta analizaré con más detalle ambos conceptos.
2ª cuestión: Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
En esta pregunta se retoman y explican ideas, que, siendo muy relevantes en la filosofía política de Locke, ya se han apuntado anteriormente en la exposición de las ideas del texto. Éstas con el iusnaturalismo, la teoría del contrato social y el concepto de estado de guerra. En primer lugar, este filósofo sostiene una teoría iusnaturalista o de defensa de la existencia de una ley natural y de su efectividad. En tanto defensor de ese Derecho natural y de los medios de todos los hombres para hacerlo cumplir (objeto de este texto, como se indicó), lo distingue necesariamente de la ley positiva. Positiva es aquella que la sociedad política decide y que es válida dentro de ella, mientras que la natural tiene validez erga omnes y obliga a todos los seres humanos como tal, porque procede de su racionalidad. En consecuencia, la ley positiva es dispositiva para el Estado, pues puede modificarla a voluntad, y obligatoria para el ciudadano que forma parte de él. La ley natural no es dispositiva, ninguna persona o Estado puede ir contra ella, ya que equivaldría a que los hombres cediesen su vida, integridad y propiedades, cosa que no pueden hacer. Existe, pues, un conjunto reforzado de derechos y libertades de las personas. Es preciso concluir, entonces, que toda disposición normativa de un cuerpo político que atente contra el Derecho natural es inválida. De ahí que Locke rechace la idea de poder absoluto y defienda que todo poder político es limitado, rechazando pues la teoría política de Hobbes del Estado con poderes completos tras el pacto social.
Ahora bien, es necesario comprender la ejecución de la ley natural en el conjunto de su teoría sobre la formación de la sociedad política. Los hombres deciden, para evitar la incertidumbre en el cumplimiento de la ley natural, en el estado de Naturaleza donde son completamente libres e iguales, pactar esa sociedad y someterse al Estado. Pero esto no anula sus derechos en tanto seres humanos, su vida, integridad y propiedades, y el poder político será necesariamente limitado. Si no lo fuese, y considerando que esto pone en riesgo esos derechos fundamentales, todos los hombres tendrían el derecho de resistirse a sus órdenes.
En este sentido, toda persona que atente contra la vida o propiedades de otras, contra el conjunto de sus derechos, se coloca con respecto a la humanidad en estado de guerra. En ese estado puede comprenderse que todos los hombres estén legitimados a castigar a quien así ofende a los demás. Sin embargo, esa sanción, cuyos objetivos son la reparación del daño, prevenir que la persona pueda cometer el ilícito y dar ejemplo para que nadie más lo haga; debe ser proporcional al daño cometido.
En definitiva, este pensador construye una filosofía política de defensa del pacto social constituyente de un poder político limitado, que alcanzan los hombres a partir de un estado de Naturaleza, pero sin que pierdan los derechos y obligaciones de la ley natural procedente de la razón. Desde este fundamento Locke, entre otros puntos, afirmará la división de poderes entre legislativo y ejecutivo (Montesquieu añadirá el judicial), así como la necesidad de que las leyes sean fijas, generales y procedan del poder legislativo pactado. Finalmente, dará énfasis a la idea central de que el poder político está obligado a defender el bien común (paz, seguridad y bien de todos los ciudadanos).