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Perfección
Ignacio Escañuela Romana
Agosto 2024
Graduamos lo perfecto e imperfecto, jerarquizamos la naturaleza, clasificamos y predecimos los conceptos que, a menudo, ni siquiera nosotros comprendemos en su totalidad, que se nos imponen. Fijamos valores para categorizar, construimos mundos imaginarios y modificamos según nuestros modelos preconcebidos, con la técnica, todo lo que nos rodea, y lo queremos verter en lo que nos es útil.
En realidad, no estamos satisfechos con nada y sólo lo que nos sirve y es nuestro producto existe. Así, como un ser desesperado, fabricamos realidades, nos colocamos como el criterio, como el referente del universo.
Hasta que finalmente añoramos lo primigenio, cuando el mundo era selva y el río sinuoso se deslizaba hacia la desembocadura y las sombras acechantes de la noche creaban pesadillas, la muerte era un realidad diaria y el hombre era un animal satisfecho en sus impulsos no mediados. Una vez lo hemos recordado, lo que somos, retomamos la transformación técnica y seguimos modificándolo todo, incluso a nosotros mismos.
Hasta que finalmente. un día, esos sueños se borren y el animal hombre se haya aniquilado a sí mismo y ya no exista y no recuerde los cantos primigenios, los primeros terrores, las pasiones directas. En ese momento, la técnica, como realidad propia, se impondrá como especie y no existirá nada más que el principio eficacia y la norma perfección. El horror se habrá disipado, ya no habrá extrañamiento, sólo quedará el hecho de la transformación hacia un ideal que se quedó en el camino, al cual servir como a un objeto vacío, referente sólo de sí mismo.
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Vidas no circulares
Ignacio Escañuela Romana.
Imagino que las vidas deberían quedar completas, como una unión entre el principio y final, o como una conclusión que se sigue a los hechos vividos. Algo usual en literatura y cine. Como ir escalando en la historia y demostrar que nada es banal, que se aprende y se logran resultados. Una visión hegeliana de progreso.
No obstante, mi impresión es justo la contraria, que las vidas humanas quedan inconclusas y que los sentidos los construimos nosotros. Literalmente, los inventamos. Bueno, en todo caso, pertenezco a esa tipología humana que no es capaz de anudar conclusiones y a la que los sentidos le parecen, lo percibo, como otra galaxia lejana.
Todas las historias de bien y mal, o héroes y villanos, o culpabilidad para renacer o, simplemente, para purgarla, bien: todo ello me resulta una filfa. No he encontrado jamás que el tiempo lo ponga todo en su sitio. Más bien al contrario, trastoca todo lo que tenía su lugar y deja instalado al sinsentido. Aunque, lo reconozco, admiro la integridad de un Marlowe en su búsqueda de la verdad. Pero tanta novela para un largo adiós que ¿se termina realmente dando?. Cuando lo real es lo que sentimos, las emociones que nos dominan.
Supongo que es una visión pesimista de la vida, como el psicólogo transmite al padre en la película Gente Corriente. Sí me parece estar seguro de que no lograré ya alcanzar conclusiones finales. Ni siquiera intermedias. Pienso que el azar interviene, sin quitarle importancia a nuestras decisiones. Pero, a menudo, no hay ámbito de posibilidades, el Día de la Marmota está bien porque la repetición es aceptable. Pero, ¿es posible soportar levantarte una y otra vez en un bombardeo de la Guerra Mundial?
A veces pienso en todos esos primeros amores que quedaron grabados y superaron las experiencias de los siguientes, como en la historia final de Dublineses, James Joyce. Es cierto que no tiendo a sentir esa conclusión del personaje de Los Muertos: «Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida». Pero sí que la vida consume, claro. Lo que sucede es que el conato de Spinoza, o de Tomás, nos impulsa hacia adelante, en la búsqueda de la eternidad.
En El Principito se nos dice que la rosa de su planeta es especial porque la riega y cuida. Creo que tiene razón en esto, pero no toda. Imagino esa flor en mitad del desierto, que pasa desapercibida para los demás, de la que nos habla Los Búfalos de Durham (por cierto, fantástica película). Incluso en la soledad más absoluta, en mitad de las dunas y en el silencio silbante del viento y del roce de las arenas, la fragancia es valiosa como un hecho. Creo que esto, es cierto, he llegado a comprenderlo. El sentido no lo dan los demás totalmente, ni siquiera yo, sino la existencia, sí ese arrojarse hacia afuera, y la valentía en ella. Recordar, pues, a Jünger, porque el valor es un desorden del ser. Hay algo en la derrota humana, ineluctable, que le da grandeza. O, al menos, esto quiero pensar.
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Libros sobre libros
Ignacio Escañuela Romana
Agosto 2014
En algún sitio borgiano debe haber un libro de los libros: el que posee la clave de todo el universo. Es quizá casi imposible encontrarlo, pero entonces no hay posibilidad alguna de saber que es EL libro. Quizá nos planteamos que fuese útil encontrar otro libro adicional en que se nos dijese que ése sí es el libro, pero caeríamos en la cuenta de que puede ser que el otro libro, el que dice que no lo es, sea el certero. Ya que todos los posibles han sido escritos y están en la Biblioteca de Borges.
Al viento, sobre los parajes en que el monje, en su senectud, recoge los fragmentos voladores de los manuscritos quemados, en la ex-biblioteca de Umberto Eco, intentamos con él componer un significado. Sobre los fragmentos, uniendo e imaginando, como hacemos con los datos accesibles de la realidad, intentamos completar verdades posibles: libros completos. Pero nos arriesgamos a unir partes heterogéneas y componer un absurdo: ¿o carecían de sentido los libros originales quemados?.
Quizá termine por ser más provechosa la biblioteca Brautigan de los libros rechazados. ¿Qué libro rechazamos al resto de manuscritos decidiendo su insignificancia?. A veces pienso en todos los textos que fueron dejados por los hombres y el tiempo y que nunca podremos leer. Algunos quemados por el propio autor que los creó.
Quizás el libro de todos los misterios fuese rechazado y olvidado irremisiblemente a partir de un libro inútil y que conocemos. Tal vez encontrásemos los escritos de Heráclito y todos los textos redactados sobre su pensamiento necesitasen un profundo borrado y olvido. O es posible que los echásemos de menos como explicaciones más completas y coherentes que los mismos pensamientos originales.
Desconfío, en global, de la sociedad y los tiempos, de las modas y los resaltes, luego añoro los libros condenados al tiempo que fueron abandonados para el olvido. Ideas poderosas a las que ya no podré nunca acceder, sin remedio.
Como todo, el universo, la historia, en tanto hechos humanos, se despliegan en el tiempo. Quizá hacia el olvido, en los espacios y tiempos vacíos, del que nos habla el monje, al final de la obra de Eco. O hacia las caídas infinitas a donde los fallecidos son arrojados en la Biblioteca de Borges.
Los libros quedan como proyectos que clasificamos en base a otros programas, y éstos a su vez …
(Referencias:
Borges, J. L. (2000) La biblioteca de Babel: Cuentos selectos y un poema. Emece. Publicado por vez primera en 1941.
Eco, U. (2003). El nombre de la Rosa. DEBOLSILLO. Publicada por vez primera en 1980.
Sobre la Biblioteca Braunigan, por ejemplo: González, M. (2014). La biblioteca de los fracasados. El País https://elpais.com/cultura/2014/07/01/babelia/1404218227_025028.html)
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Hijos del tiempo
Ignacio Escañuela Romana
Agosto 2024
En el arte añoramos la universalidad y eternidad, pero somos hijos del tiempo y la cultura. El objeto muestra ser histórico, a pesar de que el sujeto busque ese valor absoluto que es su objetivo. Sin embargo, una conciencia excesiva de esa corriente histórica nos llevaría a la esterilidad de expresar el momento que tiene mucha mayor realidad que cualquier representación intencional que pueda yo hacer. Añoramos, entonces, ese significado que nos trasciende, pero no podemos dejar de ser hombres y estar como productos del tiempo histórico. Buscando lo eterno, nos quedamos en lo temporal. Intentando ser algo sublime, permanecemos como hombres. Lo demás es nada.
El hombre es, así, el ser que se expresa a sí mismo: manifiesta, para sí, la misma existencia. Cuando traza la obra de arte no conoce bien, jamás, su objeto y validez. Se le coloca, frente al mismo creador, como algo oculto. ¿Cómo es posible que cree posibilidades de imposible comprensión?. Quisiéramos escaparnos de nuestra finitud creando algo con validez universal y eterna pero justo cuando lo creamos dejamos de comprenderlo, pues adquiere vida propia. Escapa de nosotros.
Curioso que el valor sea un ente existente y enfrentado, a pesar de que es propiamente humano, en medio de un mundo no humano y anómico. Creamos la realidad axiológica de significados sólo para constatar que dejamos de comprenderla. Es la paradoja de ser hombre.
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Debatir
Ignacio Escañuela Romana
Julio 2024
¿Debate? Para que lo sea es imprescindible dudar de uno mismo y escuchar al otro. A esto Kant le llamó «juicio» (ver la Crítica del Juicio [1]): ser capaz de ponerte en la posición del otro. Pues si no hacemos el esfuerzo de retrotraer con la imaginación lo que el otro está diciendo, si no somos capaces de colocarnos en el lugar del que nos habla para comprender exactamente los fundamentos de lo que afirma y cómo lo hace, ¿cómo vamos a considerar y razonar acerca de la verdad o falsedad de esa argumentación?
…
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¿Qué es Ilustración? Kant (y Foucault)
Ignacio Escañuela Romana
Vamos a analizar el texto de Kant acerca de qué sea Ilustración, una especie de índice de lectura e interpretación. Lo realizo a partir del texto de Foucault donde se plantea esta misma pregunta. Es decir, me ciño al resumen que este filósofo elabora del texto kantiano:
La Ilustración (I.) es la salida del estado de minoría de edad.
Esta minoría es la aceptación que realizamos de la autoridad de otros,cuando deberíamos estar utilizando nuestra propia razón (somos heterónomos cuando deberíamos ser autónomos, o dicho de otro modo somos autónoos para decidir que no lo somos y pasar a la heteronomía).
Tres ejemplos: un libro ocupa el lugar de nuestro entendimiento, un director espiritual manda sobre nuestra consciencia, un médico decide sobre nuestro régimen o estilo de vida. Sería un ejemplo por cada pregunta kantiana: ¿qué debo conocer? (razón teórica), ¿qué debo hacer? (razón práctica), ¿qué puedo esperar?.
Luego la I. es una modificación de la relación entre voluntad, autoridad y fundamento racional de la verdad. Lo que quiero, en lo que me influyen, lo que fundo racionalmente.
La I. es un hecho (algo histórico), per también una obligación individual y social. El hombre es responsable de su propia minoría.
Lema de la I.: Sapere Aude. Ten el coraje de conocer. Es su característica, pero también es una propuesta.
La I. tiene una parte individual (valor personal), y otra social (propuesta para todos).
La I. es un cambio: interpretable como histórico que afecta a la estructura socio-política, y como modificación en la estructura de la humanidad del ser humano. Aquí hay una ambigüedad en el texto.
Dos condiciones para que el hombre salga de su minoría (espirituales e institucionales).
Primera condición, distinguir lo que corresponde a la obediencia y lo que corresponde al uso de la razón. La minoría es un «obedeced, no razonéis». La I. propone un «obedeced y razonad cuando queráis». Por ej., obligación de pagar impuestos, pero razonar cuanto se quiera sobre fiscalidad. Pero en esto no parece existir ninguna novedad doctrinal.
Segundo, distinguir entre los usos privado y público de la razón. La razón es sumisa en el privado, libre en el público. El uso privado de la razón por el hombre se da cuando éste es un empleado o funcionario, cuando ejerce como un puesto con una función en la sociedad. La razón debe someterse a esos fines particulares. Por ej., el funcionario recaudador de impuestos puede no estar personalmente a favor del sistema fiscal, mas no puede expresarlo así mientras esté en funciones de funcionario.
El uso público es razonar como persona, y es libre y público. Entonces, la razón es universal, de uso libre y de uso público. Universal en tanto libre de todo uso particular.
¿Cómo asegurar un uso público de la razón? ¿Qué condiciones sociales y políticas deben existir para esa seguridad?. «Cómo el uso de la razón puede tomar la forma pública que le es necesaria, cómo la audacia de saber puede ejercerse a la luz del día, mientras que los individuos obedecen tan exactamente como sea posible» (Foucault, comentando a Kant).
Kant termina proponiendo a Federico II, en términos apenas velados, una especie de contrato. El contrato de un despotismo racional con la libre razón: el uso público y libre de la razón autónoma será la mejor garantía de la obediencia, a condición de que el propio principio político al que hay que obedecer sea conforme a la razón universal (sin fines particulares).
La I. es el momento en que la humanidad va a hacer uso de su propia razón, sin someterse a ninguna autoridad. Es, pues, el momento en que una Crítica, en sentido kantiano, es necesaria: fijar las condiciones de posibilidad de la razón universal (que resuelve qué puede conocerse, qué debe hacerse, qué cabe esperar).
[Kant introduce en el texto, por lo tanto, una doble reflexión: crítica y sobre la historia. Analiza el momento en el que escribe y a causa del cual escribe. El «hoy» como diferencia en la historia y como motivo para la filosofía] (Esto, dice Foucault, «me parece que es la novedad de este texto»)
Fuente:Foucault, M. (1993). Un inédito:¿ Qué es la Ilustración?(Presentación de Antonio Campillo). Daimon Revista Internacional de Filosofia, (7), 5-18.
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Ilustración, Kant y Fichte
Ignacio Escañuela Romana
Kant defiende a ultranza las libertades de pensamiento y expresión y las hace núcleo imprescindible de la Ilustración, como movimiento histórico del siglo XVIII, y como propuesta general de carácter político o social. Kant está, entonces, proponiendo que utilicemos la racionalidad de modo autónomo (y universal, por lo tanto), y que a través de ese uso (público) y de las libertades señaladas la sociedad se transforme.
Por lo tanto, su filosofía es un rechazo a cualquier limitación desde el poder de estas libertades. Se habrían ya establecido en ciencia y técnica, pero no en política y religión. Si se logra establecer un debate abierto y racional, donde los sujetos no busquen como tal intereses propios, sino fundamentos de validez general, entonces el progreso es seguro.
Late aquí un cierto optimismo. El Estado debe «comprender» que más allá de su tendencia a ser obedecido, tales derechos le benefician. Además, éstos, reafirma, no son renunciables y constituyen a un ser racional.
Ojo que Kant defiende la necesidad de obediencia al Estado, a las leyes. Pero confía en que la Ilustración va a llevar a una nueva relación ciudadano y Estado, en el que éste se plantee exclusivamente el interés público y, con ello, el respeto a la dignidad humana, como ámbito de derechos y libertades.
Más tarde, la época, la Revolución y la contrarrevolución, generarán un cierto descontento filosófico. Una polémica entre pensadores «conservadores» y una especie de «izquierda» filosófica (llamativa la división más tardía entre derecha e izquierda hegeliana, en la década de 1830).
Por ejemplo, son bien conocidas las críticas de Fichte (un filósofo destacado y discípulo de Kant): la edad de la ilustración, lo sería de “la indiferencia absoluta hacia toda verdad» (citado en Jimena Solé, 2020).
Referencias utilizadas:
Kant, E. (2009). ¿ Qué es la Ilustración?. Foro de educación, 7(11), 249-254.
María Jimena Solé, «Fichte y la ilustración: de la defensa de la libertad de expresión a la exhortación al pensamiento autónomo», Revista de Estud(i)os sobre Fichte [En línea], 21 | 2020, Publicado el 01 diciembre 2020, consultado el 18 mayo 2022. URL: http://journals.openedition.org/ref/1640; DOI: https://doi.org/10.4000/ref.1640
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La llamada: Sapere Aude
Ignacio Escañuela Romana
(Artículo publicado en la revista de filosofía del IES Delgado Hernández)
A lo largo de estos cursos de Historia de la filosofía de Bachillerato, una y otra vez, la llamada kantiana del atrévete a saber recorre las aulas y los pasillos. Es una propuesta radical de autonomía, de que cada uno logre aplicar la duda cartesiana y alcance sus propias conclusiones, y de que lo haga mediante reglas compartidas por todos, todas. Acuerdos de derechos universales a la forma de Rawls.
Un lema propuesto a través de los siglos a las sucesivas generaciones, ésas que no pueden, nos dice el filósofo germano, comprometer la libertad, renunciar a ella. ¡Sé libre para pensar!, ¡selo para opinar!, no te dejes llevar por lo que dicen los demás, ni siquiera por tus apetencias e intereses particulares.
Habermas nos dirá, ahora, que este esfuerzo del sujeto debe ampliarse al debate entre personas. Entonces se convierte en una búsqueda compartida de la verdad, elusiva, siempre incierta, pero compartida y fundada. En una sociedad democrática, el diálogo en la plaza pública nos constituye mutuamente como ciudadanos y ciudadanas: dotados de dignidad inalienable.
Quizá sea esencial lo que Arendt reflexionaba: en el campo de la política, podemos vivir la alegría de encontrarnos con nuestros iguales y compartir el discurso y las realidades sociales que formamos entre todos. Hay una cierta grandeza en ganar en el ágora, pero también en actuar según los derechos y obligaciones, incluso cuando nuestro discurso en libertad no ha triunfado. También en reconocer los hechos como son, porque, como afirma esta filósofa, la verdad es lo que no podemos cambiar. Recoge, entonces, el reto de las libertades de pensamiento y expresión, atrévete a entrar en el mundo de la libertad, siente los retos de alcanzar verdades universales y de transformar el mundo y mejorar la sociedad.
Cuando “Sapere Aude” es escuchado en las clases, las nuevas generaciones se incorporan, pues, a la invitación para que compartan con todos, todas, la gratificación de formar una colectividad que determina qué quiere ser y cómo desea avanzar hacia ese conjunto de derechos y libertades universales.
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Contexto filosófico-cultural Kant
Ignacio Escañuela Romana
Immanuel Kant nació en 1724 y murió en 1804 en Könisberg, Alemania. Fue profesor universitario en la Universidad de Königsberg. Filósofo, su producción intelectual se encuadra tanto en la Ilustración, como en las diferencias doctrinales entre el empirismo y el racionalismo de la filosofía moderna. Asimismo en el desarrollo de la ciencia moderna. Es considerado como defensor del idealismo y también de una racionalidad crítica. Idealismo kantiano que hay que comprender como transcendental: el sujeto constituye los fundamentos a priori de su conocimiento, pero no son bases absolutas de la realidad. Así como crítico: hay que cuestionar esos fundamentos para ver sus límites. En esta perspectiva le influyó poderosamente la lectura del filósofo empirista Hume.
Su pensamiento se entiende, así pues, dentro de la dinámica del siglo XVIII. Un siglo de recuperación económica y explosión demográfica, época de grandes transformaciones que se aceleran, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo. Políticamente, se da el Absolutismo: los reyes poder absoluto, a excepción de la monarquía parlamentaria británica. Este modelo se enfrentó al cambio industrial que comenzó en Inglaterra y a la expansión de un movimiento que tendió a dar énfasis a la racionalidad y libertad humanas: la Ilustración. La burguesía va adquiriendo importancia, lo que acabará por generar las revoluciones norteamericana y la francesa de 1789.
El movimiento ilustrado es, en un análisis marxista, la ideología crítica de las clases medias. Hace avanzar una concepción liberal y tolerante. Es esencial en el pensamiento kantiano la influencia de este gran proyecto: un esfuerzo común de transformación y mejora de la humanidad mediante el desarrollo de su propia naturaleza racional. Kant pertenece plena y conscientemente a ese movimiento. Suya es la contestación a la pregunta acerca de qué sea la Ilustración, generando el famoso lema «sapere aude»: atrévete a saber.
Es interesante hacer una breve reflexión sobre la diferencia siguiente. Por una parte, Ilustración es un movimiento cultural, histórico, del siglo XVIII, basado en una reivindicación de la razón como motor de decisiones sociales y políticas. Como propuesta de cambios individuales y colectivos. Destaca, así, la labor de la Enciclopedia. Por otro lado, la Ilustración es una forma determinada del saber y la crítica, una actividad filosófica y científica que supone una propuesta general, no circunscrita a un momento histórico. En este sentido, Ilustración sería interrogarse a uno mismo, pensar por uno mismo, elevar con entera independencia la propia razón como único juez de la verdad (Subirats, La Ilustración insuficiente, 1981, un libro muy interesante). La razón propia, que se mueve en el ámbito de la libertad, es, para Kant, pues, la guía del conocimiento, conducta y organización social.
Los tres elementos fundamentales de la Ilustración (op.cit.) serían: la razón como poder del sujeto humano como actitud constituyente, el proceso científico-técnico como proceso dinámico e indefinido de la razón, la actividad revolucionaria. Los tres se dan en Kant y en el texto propuesto. De ahí que este autor diga que no vivimos en una edad ilustrada, sino en una edad de ilustración.
Es interesante añadir algunas notas más. En arte, el Barroco deja paso al Clasicismo, que se caracteriza por la racionalidad, la sencillez y el orden (espíritu cartesiano). En ciencia, se desarrolla la mecánica clásica de Newton. Newton representó para toda la Ilustración la culminación de la ciencia moderna. De ahí que Kant quiera establecer los principios y límites del conocimiento científico de la naturaleza, a la vez que responder a la pregunta acerca de qué pueda conocer. La filosofía kantiana es un intento de clarificar filosóficamente las condiciones de posibilidad de la física newtoniana. Para responder al problema va a tomar elementos de las dos grandes corrientes filosóficas de la modernidad. Al afirmar que el conocimiento se limita a la experiencia, la filosofía kantiana se aproxima al empirismo, y al afirmar que no todo el conocimiento proviene de la experiencia se acerca al racionalismo. Concluye que es posible un conocimiento estricto y universal (los juicios sintéticos a priori).
Por su parte, Rousseau reforzó en Kant la convicción en la autonomía, en la independencia de la moralidad frente a las leyes que rigen el mundo objetivo. Rousseau era el filósofo del espíritu, de la subjetividad: frente al mundo externo. Newton y Rousseau, reino de la naturaleza y reino del espíritu, causalidad y libertad. Dos mundos de los que se siente ciudadano, dos legalidades a las está sometido. ¿Anula la ciencia todo acceso del hombre a lo metafísico? ¿Pueden conciliarse causalidad física y libertad moral?. Kant se propone establecer y justificar los principios de la acción y las condiciones de la libertad, ligada a la cuestión: ¿qué debo hacer?; y delinear el destino último del hombre para responder a la pregunta: ¿qué me cabe esperar?.
Finalmente, la filosofía kantiana es el esfuerzo fecundo y original, en medio de la filosofía moderna y de la Ilustración, por dar una solución a la polémica doctrinal entre empirismo y racionalismo y, ante todo, por dar una respuesta a la pregunta ilustrada: ¿qué es el hombre?. Kant reafirma el papel central de la razón humana crítica en todos los ámbitos de la cultura y, sobre esta base, tiene una visión optimista acerca del desarrollo de la historia.
Más datos y algunas fuentes utilizadas en:
**Subirats, E. (1981). La ilustración insuficiente. Taurus.
**https://blogsaverroes.juntadeandalucia.es/filosofiaendebate/2020/06/29/contexto-filosofico-cultural-texto-de-kant/
**Cassirer, E. (2018). El problema del conocimiento. FCE. Cuatro tomos.
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La libertad humana
Ignacio Escañuela Romana
Agustín de Hipona lo afirmó con claridad: «para que hubiera un comienzo, fue creado el hombre, antes del cual no había nadie» (Initium ut esset, creatus est homo, ante quem nemo fuit, De Civitate Dei, XII, 20). Con cada hombre se inicia de nuevo e inevitablemente la posibilidad de la libertad. A pesar de todas las leyes de la necesidad histórica de Hegel y todos los artefactos humanos creados para atrapar su acción. Incluso ante la progresiva racionalización que Max Weber predijo. Aunque mucha de la voluntad de poder de Nietzsche sea capaz de afirmarse, o el hombre sea ese ser finito y limitado de Heidegger.
Frente a los totalitarismos del siglo XX, que responden a un hombre perdido de sí mismo, incapaces de realizar algo más que violencia por el poder.
En fin, ante la soledad y la adversidad. Siempre esa libertad es, como una posibilidad y como tal ya un hecho.
Grossman lo expresa en Todo Fluye, «la aspiración innata del hombre a la libertad es invencible; puede ser aplastada pero no aniquilada.» Hay algo pues que se alza ante nosotros mismos, y es esa acción de ejercer esa especie de instinto, irreflexivo, irreverente, inesperado, que procede de la capacidad de pensar cada uno por sí mismo.